Evangelio del Día

Evangelio


Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón.
Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: "¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio".
Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: "Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos".
Jesús respondió: "Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel".
Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: "¡Señor, socórreme!".
Jesús le dijo: "No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros".
Ella respondió: "¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!".
Entonces Jesús le dijo: "Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!". Y en ese momento su hija quedó curada.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
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Primera Lectura


Así habla el Señor: Observen el derecho y practiquen la justicia, porque muy pronto llegará mi salvación y ya está por revelarse mi justicia.
Y a los hijos de una tierra extranjera que se han unido al Señor para servirlo, para amar el nombre del Señor y para ser sus servidores, a todos los que observen el sábado sin profanarlo y se mantengan firmes en mi alianza,
yo los conduciré hasta mi santa Montaña y los colmaré de alegría en mi Casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptados sobre mi altar, porque mi Casa será llamada Casa de oración para todos los pueblos.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
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Salmo


El Señor tenga piedad y nos bendiga,
haga brillar su rostro sobre nosotros,
para que en la tierra se reconozca su dominio,
y su victoria entre las naciones.

Que canten de alegría las naciones,
porque gobiernas a los pueblos con justicia
y guías a las naciones de la tierra.

¡Que los pueblos te den gracias, Señor,
que todos los pueblos te den gracias!
Que Dios nos bendiga,
y lo teman todos los confines de la tierra.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
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Comentario


    “Ten piedad de mí, Señor, Hijo de David!” Es un grito, una llamada de una fuerza inmensa... Es un gemido que viene como de un abismo sin fondo. Supera en mucho la naturaleza, es el Espíritu Santo mismo que profiere en nosotros este gemido (Rm 8,26)... Pero Jesús dice: “Dios me ha enviado sóo a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.” (...) Ahora bien ¿qué hizo la mujer rechazada de esta manera? Se dejó decir y se humilló ella misma hasta lo más hondo. Llegó hasta el extremo de la humildad, del abismo. Con todo, mantuvo la confianza y dijo: “Esto es cierto, Señor, pero también los perrillos comen las migajas que caen de la mesa de sus amos.”

    ¡Oh, si vosotros también supierais penetrar realmente hasta el fondo de la verdad, no por comentarios muy sabios ni por palabras muy altisonantes, ni con los sentidos, sino yendo al fondo de vosotros mismos! Ni Dios, ni otra criatura alguna podría  anihilaros si permanecéis en la verdad, en la confianza humilde. Podríais padecer afrentas, menosprecios y burlas, resistiríais en la perseverancia, os humillaríais más todavía, animados por una confianza ilimitada, y aumentaría más y más vuestro celo. Todo depende de esta actitud y el que llega aquí ha vencido. Sólo estos caminos llevan de verdad, sin obstáculo alguno, hasta Dios. Pero, permanecer así en esta gran humildad, con perseverancia, con una seguridad entera y verdadera, como esta mujer pobre, no es de muchos.


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Evangelio


Luego se le acercó un hombre y le preguntó: "Maestro, ¿qué obras buenas debo hacer para conseguir la Vida eterna?".
Jesús le dijo: "¿Cómo me preguntas acerca de lo que es bueno? Uno solo es el Bueno. Si quieres entrar en la Vida eterna, cumple los Mandamientos".
"¿Cuáles?", preguntó el hombre. Jesús le respondió: "No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio,
honrarás a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo".
El joven dijo: "Todo esto lo he cumplido: ¿qué me queda por hacer?".
"Si quieres ser perfecto, le dijo Jesús, ve, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres: así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme".
Al oír estas palabras, el joven se retiró entristecido, porque poseía muchos bienes.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
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Primera Lectura


La palabra del Señor me llegó en estos términos:
Hijo de hombre, yo voy a arrebatarte de golpe la delicia de tus ojos, pero tú no te lamentarás, ni llorarás, ni derramarás lágrimas.
Suspira en silencio, no hagas ninguna clase de duelo, cíñete el turbante, cálzate con sandalias, no te cubras la barba ni comas pan de duelo.
Yo hablé al pueblo por la mañana, y por la tarde murió mi esposa; y a la mañana siguiente hice lo que se me había ordenado.
La gente me dijo: "¿No vas a explicarnos qué significa lo que haces?".
Yo les dije: Las palabra del Señor me llegó en estos términos:
Di a la casa de Israel: Así habla el Señor: Yo voy a profanar mi Santuario, el orgullo de su fuerza, la delicia de sus ojos y la esperanza de sus vidas. Los hijos y las hijas que ustedes han dejado, caerán bajo la espada,
y ustedes harán lo mismo que yo: no se cubrirán la barba, no comerán el pan de duelo,
no se quitarán el turbante de la cabeza ni las sandalias de los pies, no se lamentarán, ni llorarán, sino que se consumirán a causa de sus culpas y gemirán unos con otros.
Ezequiel habrá sido para ustedes un presagio: ustedes harán lo mismo que él hizo, y cuando esto suceda sabrán que yo soy el Señor.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
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Salmo


Despreciaste a la Roca que te engendró,
olvidaste al Dios que te hizo nacer.
Al ver esto, el Señor se indignó
y desechó a sus hijos y a sus hijas.
Entonces dijo: Les ocultaré mi rostro,
para ver en qué terminan.
Porque son una generación perversa,
hijos faltos de lealtad.
Provocaron mis celos con algo que no es Dios,
me irritaron con sus ídolos vanos;
yo provocaré sus celos con algo que no es un pueblo,
los irritaré con una nación insensata.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
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Comentario


Un día, Messire Bernard se acercó en secreto a Francisco que entonces todavía no tenía ningún compañero. “Hermano, dice Bernardo, por amor de mi Señor, quien me los ha confiado, quiero distribuir todos mis bienes de la manera que tú juzgues más conveniente.” Francisco respondió: “Mañana iremos a la iglesia y el libro de los evangelios nos dirá de qué manera el Señor instruye a sus discípulos.” La mañana siguiente se levantaron y fueron, junto con otro hombre que se llamaba Pedro y que también quería ser fraile menor, a la iglesia... Entraron para orar y como no tenían instrucción y no sabían dónde encontrar la palabra del evangelio sobre la renuncia del mundo, pedían al Señor que se dignase mostrarles su voluntad al abrir los evangelios.

Una vez terminada la oración, el bienaventurado Francisco tomó el libro, se arrodilló delante del altar y lo abrió. En el lugar abierto se presentó el consejo del Señor: “Si quieres ser perfecto, va, vende todo lo que tienes, dalo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo.” (Mt 19,21) Al leer esto, el bienaventurado Francisco se alegró mucho y dio gracias a Dios. Pero, como tenía una gran devoción a la Santísima Trinidad, quería tener la confirmación por un triple testimonio. Abrió, pues, el libro de los evangelios por segunda y por tercera vez. En el segundo lugar encontró: “No llevéis nada por el camino.” (cf Lc 9,3) y en el tercero: “El que quiera venir en pos de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz de cada día y me siga.” (Lc 9,23ss) Francisco dijo: “Hermanos, he aquí nuestra vida y nuestra Regla y la de todos los que querrán juntarse a nuestro grupo. Id, y lo que habéis comprendido, ponedlo en práctica.”

Bernardo, que era muy rico, se fue: vendió todo lo que poseía, reunió una gran cantidad de dinero y lo distribuyó todo entre los pobres de la ciudad... A partir de aquella hora, los tres vivieron según la Regla del santo evangelio que el Señor les había mostrado. Esto es lo que dice el bienaventurado Francisco en su testamento: “El mismo Señor me ha revelado que debía vivir según el santo evangelio.”


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