Evangelio del Día

Evangelio


En aquel momento los discípulos se acercaron a Jesús para preguntarle: "¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?".
Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos
y dijo: "Les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos.
Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, será el más grande en el Reino de los Cielos.
El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí mismo.
Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque les aseguro que sus ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial."


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
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Primera Lectura


Yo voy a enviar un ángel delante de ti, para que te proteja en el camino y te conduzca hasta el lugar que te he preparado.
Respétalo y escucha su voz. No te rebeles contra él, porque no les perdonará las transgresiones, ya que mi Nombre está en él.
Si tú escuchas realmente su voz y haces todo lo que te diga, seré enemigo de tus enemigos y adversario de tus adversarios.
Entonces mi ángel irá delante de ti.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
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Salmo


Tú que vives al amparo del Altísimo
y resides a la sombra del Todopoderoso,
di al Señor: «Mi refugio y mi baluarte,
mi Dios, en quien confío».

Él te librará de la red del cazador
y de la peste perniciosa;
te cubrirá con sus plumas,
y hallarás un refugio bajo sus alas.

No temerás los terrores de la noche,
ni la flecha que vuela de día,
ni la peste que acecha en las tinieblas,
ni la plaga que devasta a pleno sol.

No te alcanzará ningún mal,
ninguna plaga se acercará a tu carpa,
porque Él te encomendó a sus ángeles
para que te cuiden en todos tus caminos.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
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Comentario


     «A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en todos tus caminos» (Sl 90,11) ¡Qué respeto debe suscitar en ti esta palabra, qué fervor debe hacer nacer en ti, y qué confianza te debe inspirar! El respeto a causa de su presencia, el fervor a causa de su benevolencia, la confianza a causa de su vigilancia... Ellos están aquí, a tu lado, y no solamente contigo sino para ti. Están presentes para protegerte, para socorrerte. ¿Cómo pagarás al Señor todo el bien que te ha hecho? (Sl 115, 3) Es a él solo a quien se debe rendir honor por esta ayuda; es él quien ha dado estas órdenes. «Todo don perfecto» (St 1,17) no puede venir más que de él. Pero no podemos dejar de agradecer, respecto a los ángeles, su gran caridad con la que obedecen y la gran necesidad que tenemos de su ayuda.

     Seamos, pues, respetuosos y agradecidos  por la vigilancia que nos ofrecen; amémoslos agradecidos y honrémoslos tanto como podamos, pues tanto les debemos... En Dios amemos a sus ángeles, sabiendo que un día ellos serán coherederos con nosotros y que ya desde ahora el Padre dispone y ordena que nos hagan de guías y educadores. Porque ya «desde ahora somos hijos de Dios» aunque esto no aparezca ahora con claridad (1Jn 3,2), puesto que somos hijos todavía sometidos a intendentes y educadores, y de momento, en nada diferimos de los siervos.

     Sin embargo, por pequeños que seamos y por largo y peligroso que sea el camino que nos falta recorrer, ¿qué podemos temer con tan buena guardia?... Los ángeles son fieles, son prudentes, son poderosos; ¿qué podemos temer? Tan sólo sigámosles, estemos unidos a ellos, y permaneceremos bajo la protección del Dios del cielo.


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Evangelio


En aquel tiempo, los setenta y dos volvieron llenos de gozo y dijeron a Jesús: "Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre".
El les dijo: "Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.
Les he dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos.
No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo".
En aquel momento Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo: "Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido.
Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, como nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar".
Después, volviéndose hacia sus discípulos, Jesús les dijo a ellos solos: "¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven!
¡Les aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron!".


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Primera Lectura


Job respondió al Señor, diciendo:
Yo sé que tú lo puedes todo y que ningún proyecto es irrealizable para ti.
Sí, yo hablaba sin entender, de maravillas que me sobrepasan y que ignoro.
Yo te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos.
Por eso me retracto, y me arrepiento en el polvo y la ceniza.
El Señor bendijo los últimos años de Job mucho más que los primeros. El llegó a poseer catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas.
Tuvo además siete hijos y tres hijas.
A la primera la llamó "Paloma", a la segunda "Canela", y a la tercera "Sombra para los párpados".
En todo el país no había mujeres tan hermosas como las hijas de Job. Y su padre les dio una parte de herencia entre sus hermanos.
Después de esto, Job vivió todavía ciento cuarenta años, y vio a sus hijos y a los hijos de sus hijos, hasta la cuarta generación.


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Salmo


Enséñame la discreción y la sabiduría,
porque confío en tus mandamientos.

Me hizo bien sufrir la humillación,
porque así aprendí tus preceptos.

Yo sé que tus juicios son justos, Señor,
y que me has humillado con razón.

Todo subsiste hasta hoy conforme a tus decretos,
porque todas las cosas te están sometidas.

Yo soy tu servidor: instrúyeme,
y así conoceré tus prescripciones.

La explicación de tu palabra ilumina
y da inteligencia al ignorante.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
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Comentario


Mis hermanos, si la fe nos hace descubrir a Dios presente, la esperanza nos hace efectuar todo lo que realizamos en vista sólo de agradar al buen Dios, con el feliz pensamiento de la recompensa eterna. Hermanos míos, ya que la virtud de la esperanza alivia tanto nuestros males, veamos juntos en qué consiste esta bella y preciosa virtud.

Sí, hermanos, tenemos la felicidad de conocer por la fe que hay un Dios que es nuestro Creador, nuestro Salvador y soberano Bien que nos ha creado para conocerlo, amarlo, servirlo y poseerlo. La esperanza nos enseña que, aunque indignos de esa felicidad, la podemos esperar por los méritos de Jesucristo. Mis hermanos, para rendir nuestras acciones en dignas de ser recompensadas, se necesitan tres cosas: la fe, que nos hace descubrir a Dios presente; la esperanza por la que todo realizamos en vista sólo de agradar al buen Dios; el amor, que nos une a él como a nuestro soberano Bien. Si, mis hermanos, no conoceremos nunca el grado de gloria que cada acción nos procura en el cielo, cuando la realizamos con pureza por el buen Dios. Los mismos santos que están en el cielo no lo pueden comprender. (…)

Dirán ustedes ¿qué quiere decir esta palabra “esperar”? He aquí, hermanos. Esperar es suspirar por algo que nos hará felices en la otra vida, es desear ardientemente la liberación de los males de esta vida y querer la posesión de todo tipo de bienes capaces de realizarnos plenamente. (…) Agrego que es necesario que nuestra esperanza sea universal, es decir, que tenemos que recurrir al buen Dios en todo lo que nos ocurre.


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